En la actualidad todo el mundo está de acuerdo en que el espectro autista tiene una base genética heterogénea y que probablemente sigue un patrón de herencia compleja.
El espectro autista incluye diferentes entidades clínicas con variabilidad de presentación, en los que siempre intervienen los complejos mecanismos que regulan el desarrollo del cerebro, de los que sabemos muy poco.
La etiología de los trastornos generalizados del desarrollo (espectro autista), a excepción del síndrome de Rett, es desconocida y no tiene marcador biológico. Su diagnóstico se basa en criterios clínicos y conductuales. Su prevalencia es de 2-3/1000 nacidos vivos; la del trastorno autista o autismo clásico se sitúa en 5/10.000. Por otro lado, diversos trastornos, síndromes y enfermedades con diferentes etiologías pueden presentarse con conducta autista.
La base genética del autismo se basa en las siguientes consideraciones:
- 95 % casos esporádicos; aunque en estas familias hay una incidencia incrementada de trastornos afectivos, reticencia social, comportamiento estereotipado, tics, déficit de comunicación, trastornos de lenguaje, retraso mental y epilepsia.
- 5 % casos familiares.
- El riesgo de recurrencia para los hermanos de un caso idiopático es del 3 %, 50-75 veces superior al de la población normal (Bolton y cal. 1994;Filipek, 1999)
- La concordancia de autismo está incrementada en gemelos monocigóticos (MZT) con respecto a los dicigóticos (DZT). Concordancia de 36 a 82 % para los MZT; de 0 % a 10 % para los DZT (Hanson 1976; Folstein, 1997)
- La incidencia del espectro autista es 3-4 veces superior en los hombres que en las mujeres.
El término de herencia compleja hace referencia
a aquellas enfermedades que están causadas por la adición de pequeñas
alteraciones en distintos genes, llamados genes de susceptibilidad, no patológicas en si mismas, y su relación con el ambiente.
De manera que el conjunto de factores genéticos de riesgo y un ambiente propicio, favorecerá la aparición de la enfermedad. Las alteraciones genéticas que subyacen a la patología suelen ser polimorfimismos que alteran solo de forma leve la función de proteinas concretas y muchos de ellos se encuentran en la región reguladora de los genes, en regiones no codificantes, por lo que el estudio sobre su efecto sobre la expresión del gen o la función de la proteina es de díficil abordaje. La identificación de los genes de susceptibilidad es realmente complicada. Requiere el análisis de grandes poblaciones de afectados con unos criterios clínicos estrictos y bien definidos que conformen una muestra lo más uniforme posible y la utilización de complejos métodos estadísticos.
El conocimiento de los genes implicados en el espectro autista requiere, como paso previo, la identificación de las regiones genómicas (loci) que contengan dichos genes y para ello se utilizan una serie de estrategias.
- Estudio citogenético
Como ya se ha comentado entre un 5 % y un 15 % de los casos de autismo presentan alteraciones cromosómicas. Éstas pueden ser numéricas o estructurales e implican la práctica totalidad de los cromosomas humanos (Gilbert, 1998). La mayoría son de novo. Las más frecuentes afectan a la región 15q11-q13 y en menor proporción al cromosoma X.
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Análisis familiares de ligamiento
El análisis de grandes colecciones de casos familiares con más de un afectado y la aplicación de sofisticados métodos estadísticos permite identificar regiones con alta probabilidad de contener genes implicados en una patología. En el espectro autista los resultados obtenidos por distintos estudios multicéntricos son discordantes, e identifican regiones candidatas en casi todos los cromosomas. La falta de concordancia se debe a la gran heterogeneidad clínica de las poblaciones estudiadas. Las regiones más consistentes entre los los distintos estudios son 7q31-q32, 15q11-q13 y 16p13.3
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Estudios de desequilibrio y asociación alélica
Son aproximaciones estadísticas complementarias para la identificación de loci implicados en patologías genéticas.
Presentan la ventaja que permiten trabajar con casos esporádicos y analizar directamente la asociación entre fenotipos concretos y genes concretos.
También en estos estudios los resultados de distintos grupos son contradictorios. El único locus en el que dos grupos han coincidido es el gen GABRB3, localizado en 15q11-q13.
La falta de concordancia entre los diferentes estudios se debe, básicamente, a la gran heterogeneidad clínica de las poblaciones estudiadas y a una falta de consenso clínico en los criterios de diagnóstico utilizados. Es fundamental la subdivisión y homogeneización de los fenotipos para incrementar la posibilidad de detectar los diversos genes implicados en el espectro autista (Lord y cal. 2001)
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